
Revista Ecuatoriana de Pediatría | ISSNe: 2737-6494
Pagína 71 | VOL.26 N°3 (2025)Septiembre - Diciembre
convencionales. Estos síntomas progresivos
justifican un abordaje diagnóstico sistemático.
El diagnóstico de acalasia en la infancia y
adolescencia representa un reto clínico de-
bido a su baja prevalencia (menos del 5 %
de los casos totales) y a la inespecificidad
de los síntomas, lo que ocasiona un retraso
frecuente en el diagnóstico. Se han repor-
tado casos de adolescentes inicialmente
mal diagnosticados con trastornos de la
conducta alimentaria, dada la presencia
de síntomas comunes como la pérdida de
peso, vómitos o evitación alimentaria
6-10
.
El estudio inicial recomendado es el esofa-
gograma baritado, que típicamente mues-
tra un esófago dilatado, hipoperistáltico o
aperistáltico, con terminación en “pico de
pájaro”. Este hallazgo debe ser seguido de
una endoscopia digestiva alta, no solo para
descartar causas secundarias de obstruc-
ción esofágica distal (como estenosis pép-
tica, neoplasias, o anillos congénitos), sino
también como preparación preoperatoria
11
.
Es habitual encontrar una leve resistencia
al paso del endoscopio hacia el estómago.
La prueba diagnóstica más sensible y es-
pecífica sigue siendo la manometría esofá-
gica de alta resolución (HRM), que permite
clasificar la acalasia según los criterios de
Chicago v4.0. En niños y adolescentes, el
subtipo más común es la acalasia tipo II,
caracterizada por panpresurización sin re-
lajación del EEI y sin peristalsis efectiva
12
.
Este subtipo ha demostrado tener mejor
respuesta al tratamiento quirúrgico que los
otros dos tipos.
En cuanto al tratamiento, se describen tres
grandes grupos: farmacológico, endoscópi-
co y quirúrgico.
El tratamiento farmacológico, basado en
nitratos, bloqueadores de canales de calcio
o toxina botulínica, ha mostrado utilidad
transitoria, con escasa eficacia sostenida
y efectos adversos considerables en niños.
Actualmente se considera una terapia pa-
liativa o puente a tratamientos definitivos
6
.
La dilatación neumática endoscópica es
una opción menos invasiva, con tasas de
éxito variables entre 50 % y 70 %, pero con
mayor riesgo de recurrencia y perforación
en la edad pediátrica. Su rol es controver-
tido en niños y generalmente se reserva
para casos en los que la cirugía no es
viable
6
.
La esofagomiotomía de Heller por vía lapa-
roscópica, combinada con fundoplicatura
parcial (tipo Dor), se ha consolidado como
el tratamiento de elección en la población
pediátrica, con tasas de éxito superiores
al 90 % y escasas complicaciones a largo
plazo
13–17
Una revisión sistemática reciente
(meta-análisis de 2022) que incluyó más de
300 pacientes pediátricos, demostró una
mayor tasa de remisión de los síntomas y
menor tasa de recurrencia con la mioto-
mía laparoscópica frente a las dilataciones
neumáticas
En términos técnicos, se recomienda iniciar
la miotomía a 2-3 cm por encima de la
unión gastroesofágica y extenderla 6–8 cm
proximalmente en el esófago y 2–3 cm dis-
talmente en el estómago
18–20
.
Es crucial preservar los nervios vagos y em-
plear dispositivos de energía que minimicen
el trauma tisular. La fundoplicatura anterior
tipo Dor previene el reflujo gastroesofági-
co postoperatorio, sin generar obstrucción
adicional al tránsito esofágico.
Aunque la mayoría de los pacientes pre-
sentan mejoría significativa de la disfagia,
se ha descrito que entre el 10 % y 20 %
pueden requerir dilataciones adicionales o
tratamientos complementarios en el segui-
miento tardío
21
.
En nuestra serie, el seguimiento a largo pla-
zo (hasta 10 años) mostró resultados favo-
rables, con resolución completa o mejoría
clínica importante en todos los pacientes,
incluso en el caso que presentó una perfo-
ración intraoperatoria, lo cual evidencia la
seguridad y eficacia del procedimiento en
manos experimentadas.
La miotomía de Heller laparoscópica ha
demostrado ser un tratamiento seguro y
eficaz para la acalasia pediátrica, espe-
cialmente en el tipo II, que es el más fre-
cuente en adolescentes
6
.